Mis ojos no son de este cuerpo

FOTO: Bas Leenders

FOTO: Bas Leenders

Suena extraño tener ante tus ojos y al alcance de la mano y el deseo a una mujer preciosa y borracha y consciente en intenciones, recostada en cama ajena a espaldas de la fiesta y de la música de fuera, quitándose ella misma su camisa con cierta prisa calma, dejando al descubierto un sostén cuya seda perfila la erección de sus pezones, bajando después sus mismas manos al primer botón de sus vaqueros, y luego al siguiente y luego a un tercero, y yo mientras en pie, frente a esa cama, a escasos alientos de los bordes de su cuerpo, mirando y admirando y sin embargo no dejándome arrastrar por el contacto. Yo antes de aquello no hice nada; sólo observar en el salón cómo bailaba. Ella fue quien se acercó, tomó mi mano y me arrastró sin resistencia hasta esta cama. No llegué a saber su nombre, ni el timbre de su voz. Sólo sé que era preciosa, como tantas otras, y que quiso desnudarse solamente para mí con previsión de contacto; y de usar el condón que sacó de su bolsillo. Pero no hubo más. No busqué más que mirar –si es pecado tener ojos y orientarlos–. Ni siquiera pensé en mi mujer; no hizo falta. Cuando quieres de veras a alguien, no necesitas forzarte a pensar en ella como un talismán o un resorte contra el arrepentimiento. Simplemente está aquí dentro, infiltrada en tus huesos, lo cual anula en modo natural cualquier otro deseo, y la lujuria se convierte en un embudo cuya boca chica es ella y nada más que ella.

Ahora bien, mis ojos, sólo mis ojos son míos. Más libres que Cuba, sin embargo.

Source: 20′ Ni libre ni ocupado

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