Desastre

He implosionado en cierto modo y ahora me encuentro sentado en el suelo de una casa cuyo dueño no conozco, con música chill out y gente charlando y bebiendo y fumando cosas raras. No recuerdo bien cómo he llegado hasta aquí, ni dónde he dejado mi taxi o si vine en mi taxi o tal vez andando o en nave nodriza. Sólo sé que acabo de encontrar un MacBook Air en el cuarto de baño de esta casa, escondido detrás de un muro de rollos de papel higiénico y he decidido llevármelo al salón y escribir con él no sólo por actualizar el blog, sino para ordenarme un poco. La parte mala es que tengo esposa y una hija reciente esperándome en casa. Supongo que mi mujer ahora se estará preguntando qué cojones ando haciendo, dónde estoy y por qué llevo unas horas (tal vez un día) sin dar señales de vida. Mi hija, por suerte, aún no se entera de nada.

Al otro lado de la habitación, justo en frente de mí, hay una pareja besándose. Ella está en el suelo, apoyada en la pared, y él sentado a horcajadas sobre ella. La chica me observa mientras besa al chico. Me observa teclear mientras besa a otro. Yo sólo escribo: no hago nada malo más que escribir, estoy pensando. Solamente implosioné por un rato, no sé. Son muchas cosas. Demasiadas sensaciones nuevas que no he sido capaz de gestionar en su justo momento. Colapso, supongo. Me vino grande la vida, supongo. Compré el traje de mi nueva vida sin saberme mi talla y ni probármelo siquiera. Llegué a la tienda de las vidas nuevas y dije: ¡ese! Y ahora resulta que me queda grande. El traje, digo. Y el caso es que no encuentro el ticket de compra. Pero ya lo encontraré (si es que no me lo he fumado todavía). O mejor: iré a un sastre. Sí, eso. Pasearé orgulloso con mi mujer, y mi hija, y mi traje de sastre.

Sólo espero que mi mujer lea esto antes de que yo llegue a casa. Cuando sea que llegue.

Source: 20′ Ni libre ni ocupado

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